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Más de 80 años de conflictos no se borrarán fácilmente
Por Horacio Corro
03 de agosto, 2020
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Horacio Corro Espinosa

El problema de límite de tierras entre el municipio de San Martín Peras y la agencia municipal de Santos Reyes Zochiquilazala, no es nuevo. El enfrentamiento a balazos entre los habitantes de estas dos poblaciones, obedece a casi una tradición de más de 80 años que va a ser muy difícil borrar.

En enero del año pasado, habitantes de Peras asesinaron a dos personas de Zochiquilazala. En este conflicto intervino el gobierno del Estado, el presidente municipal de Juxtlahuaca, y lograron darle solución al peligroso problema.

Dos meses después, el 20 de marzo, se firma un documento entre estos dos pueblos y el gobernador del estado Alejandro Murat, para poner fin a un conflicto agrario de años.

La disputa era una línea divisoria de 5.3 kilómetros. El convenio era aceptar 139 hectáreas para cada comunidad, y colocar 34 mojoneras para delimitar las tierras.

En esa firma de convenio, el Comisariado de Bienes Comunales de San Martín Peras, Francisco Ramírez Reyes, aseguró que la decisión de su pueblo para poner fin a la problemática que se tenía, fue muy difícil, y llamó “amigos” a los habitantes de Santos Reyes Zochiquilazala.

Desafortunadamente, esa amistad se rompió después de un año cuatro meses, ya que un grupo de Peras, se opone abiertamente a que se abra el carril divisorio. Para demostrar esa inconformidad, lastimaron a una persona de Zochiquilazala. En venganza a esa agresión, los de Zochiquilazala, secuestraron a 13 personas de Peras y los llevaron a la cárcel de esa agencia municipal.

El sábado 1 de agosto, antes de que se instalara la mesa de diálogo para solucionar este conflicto, habitantes de Peras se concentraron a un costado del mercado aviación de Juxtlahuaca, pero con armas largas: cuernos de chivo y R15 a plena luz del día.

Gente de Juxtlahuaca le pidió el apoyo al Ejército y a la Guardia Nacional, pero estos se negaron a participar. Entonces comenzaron a correr la voz para que nadie se acercara a esa zona, pues podían correr peligro.

En la tarde noche de este mismo día, se instaló la mesa de diálogo en las instalaciones municipales de la Unidad de Servicios Integrales (USI), con representantes de la Secretaría General de Gobierno, de Seguridad Pública de Oaxaca, y responsables de ambos pueblos en conflicto. Por parte de las autoridades de Santiago Juxtlahuaca, no hubo nadie, pero el papá del presidente municipal de ese lugar, Enrique Feria, decidió por cuenta propia representar a su hijo.

Mientras al interior del edificio se dialogaba, afuera de estas oficinas alternas se encontraban habitantes de ambos pueblos.

A los primeros minutos del día domingo inició la balacera con armas de grueso calibre. Lo curioso es que nadie sabe por qué razón ambos grupos comenzaron a dispararse.

Algunos entrevistados le dijeron a este comentarista que afortunadamente sólo resultaron tres 3 lesionados para el tipo de armas que portaban ambos pobladores.

Todo parecía que marchaba bien después de aquella firma con el gobernador: los topógrafos ya habían marcado la línea y se había comenzado a hacer el carril sobre la misma. El carril es abrir a cada lado de la línea, 1 metro con 50 centímetros para delimitar cada zona. Desafortunadamente, Peras, se han negado y seguirá negándose a aceptar las firmas del 20 de marzo de 2019, aseguran algunos de los del pueblo contrario.

Los habitantes de Zochiquilazala recuerdan haber sido un pueblo muy golpeado desde hace más de 80 años por sus vecinos de Coicoyán de las Flores, y de San Martín Peras.

Ambos pueblos fueron devorándoles terrenos, y Zochiquilazala prácticamente fue cediéndolos porque no quería conflictos, además de que no tenía con qué defenderse.

Las nuevas generaciones han crecido con rencor y odio hacia sus vecinos por lo que les hicieron a sus padres; por eso, con el tiempo, se fueron haciendo de armas para defenderse, así aseguran.

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