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Crónicas marcianas (del proceso de vacunación)
Por Adrián Lobo
23 de enero, 2021
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Rafael Jarquin, in memoriam.

Antes de iniciar con mis disparates aclaro que no debe perderse de vista que mis comentarios se circunscriben en mi pequeña esfera del H.G.D.A.V., sobre lo que pueda suceder en otros sitios nada puedo comentar y lo que apunto sobre mi pequeño mundo son mis apreciaciones y situaciones que se comentan en el hospital, ya que carezco de acceso a información oficial al respecto.

Día 1.

En la noche-madrugada arribó a la capital del estado el transporte aéreo que trasladó el lote de vacunas para aplicar la primera dosis a personal de salud en el estado. Nada más bajando del avión se me perdieron algunas de ellas, porque leí en un portal de noticias que, del total transportado, 1,700 dosis serían destinadas al H.G.D.A.V., mientras que en otro de ellos se decía que eran 1,550. Así es que como mínimo hubo alguna discrepancia en la información, podría haber sido que por ahí nos hayan rebajado el pulque, pero vaya usted a saber.

Ese mismo día, horas después, se empezó a convocar al personal del hospital que estaba de guardia a concurrir a la cochera donde se instalaron unas mesas de control mientras que el puesto de vacunación como tal se ubicó en un aula de enfermería.

La convocatoria tuvo gran éxito, una pequeña aglomeración se formó en el lugar, sin mucha sana distancia. Quizá hubo en algún momento algún riesgo de volverse un caos, pero el personal se comportó a la altura y la organización fue buena, de modo que, aunque un poco lento por la media hora que debía permanecer en observación cada persona vacunada, se puede decir que el proceso fue fluido.

La pequeña congestión ocurrió en las primeras horas, para la tarde la afluencia había disminuido y el proceso era un poco más ágil, se seguía haciendo un llamado a concurrir a aplicarse la vacuna.

Alrededor de las 4:30 se sirvió un refrigerio para los encargados del evento, bien merecido, sin duda, el trabajo se hizo ininterrumpidamente y fue arduo.

Día 2.

Para las ocho de la mañana todo estaba listo para dar inicio a la jornada. La asistencia era un poco menor a la del día anterior de modo que los tiempos de espera también se redujeron. La sana distancia, sin embargo, no se incrementó con respecto a la jornada previa. Otras medidas persistían; el uso de cubrebocas y de gel antibacterial. Justo antes de pasar al puesto de vacunación se estaba aplicando una rociada de sanitizante de pies a cabeza.

Desde el primer día se dispuso de varios toldos y un buen número de sillas que durante las primeras horas del día anterior apenas fueron suficientes. En ésta segunda jornada la demanda no rebasó el número dispuesto de ellas.

Hacia el final de la tarde se empezaba a mencionar la posibilidad de convocar horas después a los compañeros que están en confinamiento preventivo, al personal de aseo y al de vigilancia, para recibir su primera dosis y, como el día anterior, vino luego el refrigerio.

Día 3.

Como antes, para las ocho de la mañana el puesto estaba ya funcionando, los compañeros en resguardo acudieron puntualmente y en orden a la cita, todo pareció transcurrir con normalidad y sin contratiempos. A mitad de la jornada habían pasado también los primeros compañeros de la empresa SEGLIM, los encargados del aseo y la vigilancia en el hospital.

Empezando a caer la noche se dio a conocer que se aplicaría la vacuna a personal médico, de enfermería y paramédicos que trabajan en el sector privado, es de suponer que debido a que se cubrieron los objetivos trazados con respecto al hospital. La información se propagó rápidamente vía redes sociales y demás medios, de manera que hubo una gran afluencia de personas. Finalmente sólo quienes llegaron más prontamente la obtuvieron.

Resumen de la ACCIÓN. Gol, error y figura.

El Gol. La organización. Estuvo presente personal de la Defensa Nacional, del plan DNIII, en apoyo a la jornada, se me ocurre decir que su intervención fue “no invasiva”, se limitaron a vigilar que todo transcurriera en orden y tuvieron una participación discreta, no fueron más de media docena de elementos y ni siquiera pude ver un vehículo militar en las inmediaciones del hospital. Acudió también personal, supongo que en representación del gobierno federal, que con listados en mano iban verificando que quienes recibían la vacuna eran, efectivamente, personal de los S.S.O. adscrito al H.G.D.A.V. y no se hizo distinción alguna en base a su estatus laboral. ¡Aleluya! Es la primera vez que a los eventuales no nos hacen menos, yo lo llamo “El milagro de la pandemia”. ¡Que así siga!

El error. La casi ausencia de los responsables de Epidemiología Hospitalaria. Era una gran oportunidad para hacer acto de presencia, de hecho creo que era necesario que estuvieran ahí durante toda la jornada porque algunas personas, entre ellas yo, teníamos algunas dudas y nos habría sido de gran utilidad plantearlas a quienes se encargan de éstos asuntos en el hospital y recibir una orientación de su parte. Pero no, yo sólo vi intermitentemente a uno o dos de los que trabajan ahí, pero a quien es el jefe de todos ellos no. Qué lástima, se me hace hasta raro, será que no había reporteros, porque eso sí, parece que le encanta que le hagan entrevistas y salir en el “Noticias”.

La figura. El personal del H.G.D.A.V. asignado a la tarea de la vacunación propiamente dicha: de enfermería, camilleros, supervisión de enfermería y me parece que un médico de urgencias. Me pareció una muestra de confianza y de respeto al personal del hospital asignarles esa tarea y eso estuvo muy bien.

Lo sublime. Que se haya propuesto y apoyado que el personal de SEGLIM, que trabaja en el hospital haciendo el aseo y se encarga de la vigilancia, recibiera la vacuna. ¡Muy bien! No son personal de los S.S.O. por lo del outsourcing, pero se arriesgan igual que el resto de los compañeros. Quien haya hecho eso posible merece una felicitación.

El oso. La persona que se coló para intentar obtener la vacuna. Según un rumor que escuché, una persona que dijo ser enfermera se presentó en el módulo a solicitar la aplicación de la primera dosis. Pero no contaba con la astucia de los organizadores que, al no encontrar su nombre en la lista de trabajadores, no se la proporcionaron. Como dije, es sólo un rumor que no pude confirmar.

Lo chusco. Imagino que todos sabíamos o era de imaginar que la aplicación se haría en un brazo, pero aún así llegaron personas usando prendas de vestir de manga larga, de modo que terminaron con la camisa a medio poner o a medio quitar. Escuché a unos compañeros bromeando, diciendo que qué bueno que la vacuna no era en el glúteo porque de ser así seguramente andarían con los pantalones abajo. En eso entró otro compañero con camisa de manga larga, “Mire, ¡otro encuerado!”, dijo uno de ellos. “Yo por lo menos traigo camiseta…” bromearon.

Sobre mi experiencia.

La organización me pareció más que sólo buena y como fuimos atendidos por compañeros de trabajo en todo momento el trato fue respetuoso y cordial, una vez me vacunaron no olvidé dar las gracias a todos los presentes, al personal de enfermería, al personal de supervisión, al camillero y al médico que estaba vigilando por si se presentaban algunas reacciones adversas.

Afortunadamente, hasta donde tengo conocimiento, ninguno de los trabajadores del H.G.D.A.V. experimentó nada de consideración, si bien supe de algunos con un poco de fiebre o dolor de cabeza. Muchos tuvimos un poco de dolor en el brazo donde se aplicó la vacuna pero nada de importancia.

Había escuchado días antes a compañeros de trabajo comentar no estar dispuestos a recibirla una vez estuviera disponible, pero no he sabido de nadie que una vez llegado el momento se haya quedado sin vacunar por decisión propia. Creo que era lo menos que podíamos hacer. Después de tanto sufrimiento en el mundo, de tanta afectación en la vida de las personas, de haberse trastocado la vida de tantos, no podíamos negarnos. En el momento que me preparaba a ser vacunado pensé en cuántas personas habrían dado todo por una oportunidad como esa, para ellos personalmente o para un ser querido, recordé a antiguos vecinos del barrio de La noria cuya familia fue devastada, a personas de mi familia y amigos que se contagiaron y a un tío que falleció a causa de haber contraído el virus. “Va por ustedes”, me dije cuando sentí el piquete. Si bien, el que yo me vacune no hará nada por los fallecidos ni por los que están actualmente contagiados, creo que de alguna manera es una forma de honrarlos, pensé además en que de momento es un privilegio que no debería dejar de agradecer, apreciar y aprovechar, por mí, por mi familia, por todos.

Adrián Lobo.

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