La opinión no autorizada | Entre negocios te veas

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Dice la ley que uno puede dedicarse al negocio que le plazca siempre y cuando no dañe a terceros. Supongo que además de eso las prácticas clasificadas como delito están implícitamente prohibidas como forma de ganarse la vida y que habrá algunos asuntos que están expresamente proscritos de la vida pública. Y también de la privada.

Fuera de esas restricciones en el capitalismo “Vale tudo”. Por eso creía que el capitalismo es inmoral, pero luego caí en la cuenta que la inmoralidad se radica en los capitalistas. El sistema así lo propicia, creo que hereda algunas tendencias de aquellos quienes lo han moldeado, pero ese es otro asunto, así que cuando mucho, dicho sistema es amoral.

En general no veo mal que una persona, incluso una empresa o hasta gran corporación, obtenga beneficios por su trabajo, por la prestación de un servicio o a cambio de algún producto. Es positivo, por ejemplo, que un agricultor se agencie recursos obteniendo a cambio de su producción el capital necesario para proveer a su familia, sostener su negocio y continuar funcionando dentro del sistema. Los claroscuros del capitalismo aparecen con la entrada en escena de entes como los intermediarios, sin importar que sean éstos personas o empresas.

No estoy diciendo que practicar el comercio sea inmoral, no es así. La figura del intermediario es acaso necesaria dentro del sistema, da movimiento al dinero desplazando los productos haciendo que lleguen más lejos, de hecho para mí es la esencia del capitalismo, porque básicamente consiste casi exclusivamente en aprovechar el trabajo de otro para beneficio propio. Los productores son acaso el inicio de una cadena que finaliza con el consumidor, y a menudo, por lo menos así lo parece ahora, aún siendo los propietarios de los medios de producción no suelen ser los verdaderos capitalistas.

Ahora ocurre que si una corporación consigue consolidar bajo su control, quizá resulte adecuado decir “monopolizar”, la producción y la comercialización terminará casi indefectiblemente siendo millonaria.

De cualquier manera el intermediario y el minorista son por lo general los grandes beneficiados. Un ejemplo claro es el negocio del chocolate, o del cacao, mejor dicho. Los agricultores y recolectores reciben del negocio millonario que es para intermediarios y productores de chocolate, apenas migajas. Otro ejemplo es la minería del famoso coltán, empleado en la fabricación de teléfonos inteligentes. Los obreros apenas sobreviven extrayendo un componente que es esencial para corporaciones multimillonarias como Apple, Inc.

Para mí eso es injusto y es inmoral porque paradójicamente quien más trabaja y quien más arriesga es también quien menos gana. Me pregunto cuántos recolectores de cacao pueden permitirse consumir regularmente unos Ferrero Rocher, sólo por nombrar una marca, o cuántos trabajadores de una mina de coltán tienen  un iPhone. No creo que sean muchos.

Desde la popularización del internet nuevos tipos de negocio han ido surgiendo, a mí me parece que hubo un aprendizaje, algo así como prueba y error, el primer intento de lucrar con la internet acabó en el famoso desastre de “las punto com”, según entiendo fueron las hienas especuladoras las que inflaron la burbuja que terminó reventando.

Ahora que menciono a los especuladores me viene a la mente que hay negocios redituables que resultan además de cierto beneficio a la sociedad, toda vez que satisfacen una necesidad y otros que son muy lucrativos pero que no cubren ninguna cuyo único beneficio real es para los propios capitalistas.

Creo que ejemplos hay muchos: Perfumes, ropa, calzado, joyería, son quizá los más evidentes. Y ni siquiera tienen que ser productos tan caros, ahora mismo empresas dedicadas a la fabricación sin sentido de ropa catalogándola como “de temporada” se deshacen de los excedentes no vendidos enviándolos a ser tirados en el desierto de Atacama, en Chile. Por la única razón que la nueva temporada va a iniciar y la industria dicta que todo el guardarropa debe renovarse aún sin haber necesidad, sólo por el negocio.

El internet tampoco se libra de basura con el contenido que prolifera buscando “cubrir una necesidad de información” pero que en realidad sólo se aprovecha de ciertas condiciones del ciberespacio para generar ganancias, sin realmente aportar nada útil, muchas veces imitando algo que ya existe cuando no de plano plagiándolo.

El propio ente dominante del ciberespacio, la casi omnipresente Google, es quien dicta la pauta que ha de seguirse desde que creó el conjunto de técnicas conocidas, por sus siglas en inglés como SEO (Search Engine Optimization), que no son más que las prácticas que favorecen que una página web aparezca entre los primeros resultados de una búsqueda de palabras clave, sin tener que pagar nada. Esto es a lo que le llaman “optimización”. Según mi opinión no es más que saber cómo funcionan los motores de búsqueda en internet, como Google, y aprender a manipularlos en cierta forma para aprovecharse de ellos.

En otras palabras, es darle a los motores de búsqueda lo que prefieren y como lo prefieren con la finalidad que te tomen en cuenta. Creo que para una empresa es una práctica legítima cuando lo que busca es mayor visibilidad para contenido original, que es el que más cuesta producir. Éste mismo sitio, pagina3.mx, usa técnicas de SEO para lograr mayor exposición, que sea encontrado más fácilmente por los buscadores y poder llegar a más usuarios, lo cual me parece válido.

Un uso más cuestionable de esas herramientas se da cuando aparecen empresas que retuercen un poco o le dan la vuelta a los algoritmos yendo unos pasos más allá, simplemente identificando las búsquedas más populares y sus palabras clave para luego observar en las búsquedas relacionadas y el contenido creado por “competidores” que aparece entre los primeros resultados, con el fin de crear −pero sobre todo vender− una estructura más completa en la cual basarse para generar “nuevo” contenido, con la “garantía” de “optimización” que supuestamente asegura una alta visibilidad.

Así esas empresas no aportan nada nuevo, ni siquiera mejoran lo ya existente, sólo lo multiplican y quizá en realidad ni siquiera está tan “optimizado” o lo está sólo parcialmente; la clasificación de las páginas web no se basa únicamente en el uso de palabras clave populares, sino que también influyen otros aspectos tales como cuántos enlaces apuntan a dicha página y la calidad de los mismos, es decir, que los motores de búsqueda también valoran quién recomienda visitar la página en cuestión y cuántas recomendaciones hay, por lo que un buen resultado en la búsqueda no depende únicamente del uso de las palabras clave más populares.

Lo que sí es popular, cada vez más, es éste “modelo de negocio” basado en observar lo que otros hacen para ofrecer a los buscadores más de lo mismo esperando con ello asegurar ganancias rápidas sin importar que el ecosistema se esté llenando de basura.

 

Adrián Lobo.

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