La responsabilidad última, tanto de las derrotas como de la división (enfrentamientos, intimidaciones y abusos verbales sobre algunos de los dirigentes), recae sobre los hombros de su secretario general saliente, Pedro Sánchez.
Tras las ilusiones creadas estos días, toca ahora enfentar la dura realidad de que el PSOE que lega Sánchez tiene 52 escaños menos que el PP y ninguna posibilidad de armar un Gobierno alternativo.
La principal tarea de un líder es mantener su partido cohesionado por encima de las diferencias de opinión, naturales en toda organización.
Resulta revelador que el secretario general haya logrado unir en su contra a muchos de los que hasta hace poco rivalizaban entre ellos, desde expresidentes y secretarios generales a líderes territoriales.
La votación del Comité Federal y la posterior dimisión de Sánchez, aunque dramática, no cabe ser apelada ni cuestionada en su legitimidad, y abre una vía para la necesaria recomposición de la unidad del partido, que debe hacerse con toda generosidad.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/10/01/opinion/1475348692_636423.html
