La misión es clara: comer en Ikea y decidir si la pesadilla es tan cruenta como nos la cuentan.
Una empleada me comenta que hay gente que solo va a Ikea a comer ese codillo.
La comida de Ikea es lo más parecido a la manduca de los colegios (o al recuerdo que yo guardo de ella).
Se ha hablado mucho de los espantos de los restaurantes Ikea, y va siendo hora de que saber la verdad.
Dentro de Ikea tu dignidad de comensal se volatiliza, eres capaz de digerir cosas que jamás se te ocurriría probar fuera de sus paredes.
Fuente: http://elpais.com/elcomidista/2016/09/29/articulo/1475149634_351310.html
