Además, si nuestro ejercicio físico es monitorizado por pulseras de actividad y se incluye una recompensa económica, nos incentiva (o eso creemos) aún más.
Sin embargo, dos estudios publicados en los últimos días aclaran que el uso de estas pulseras es irrelevante y no se traduce en beneficio para nuestra salud.
Los participantes tecnológicos comenzaron el estudio con un peso medio de 96,3 kilos y finalizaron con 92,8.
Los analógicos llegaron al estudio con un peso de 95,2 kilogramos y acabaron con 89,3 lo que supone una pérdida de casi 6 kilos.
Alrededor del 40% de los participantes abandonó el estudio en los seis primeros meses del año y solo un 10% continuó hasta el final.
Fuente: http://elpais.com/tecnologia/2016/10/05/actualidad/1475669463_942324.html
