Era hijo de mi tía Margarita y su esposo Remigio, a quien, por haber servido en una cantina llamada Los Infiernos, apodaban El Diablo.
Las visitas al médico daban pie a largas conversaciones entre mi madre y mi tía Margarita.
IINo sé cuántas veces habré pasado frente a la Sastrería Córdoba, y, sin embargo, siempre me detengo ante el aparador.
No dudo que hayan sido muchos, pero algo en la actitud de mi primo inspiraba cierta desconfianza en mi madre.
Los maniquíes son viejos pero adquieren una apariencia renovada porque a su alrededor cambia el decorado según las estaciones del año.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/27/opinion/036o1soc
