Y un día alguien me dijo que Roque Dalton había muerto.
El hombre que ordenó el asesinato de Roque, el exguerrillero Joaquín Villalobos, dijo que fue “un pecado de juventud”.
No, pecado de juventud el mío que llegué a creer alguna vez que los poetas y los roqueros eran intocables.
Los adolescentes de mi generación recitaban de memoria estos versos del poeta salvadoreño Roque Dalton y cantaban, en algo parecido al inglés, lo que pasaba en ese Hotel California que a muchos les parecía el paraíso.
Amo tu desnudezporque desnuda me bebes con los poros,como hace el aguacuando entre sus paredes me sumerjo.
Fuente: http://cnnespanol.cnn.com/2015/10/08/el-turno-del-ofendido/
