La moraleja importante: todos caben en la democracia, pero la democracia no puede descoserse para dar entrada a nadie.
El problema comienza cuando los cabreros aspiran a pastores de pueblos cuando no a ingenieros de almas.
Los cabreros no deben ser lo que eran.
Para eso también sirve la democracia, para frustrar sus aspiraciones.
La crítica a los indiscutibles problemas —poco originales— de nuestra democracia se convirtió en una descalificación del llamado “régimen del 78”, presentado como una suerte de franquismo 2.0.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/18/opinion/1455808054_946911.html
