Pero visité su casa en Ámsterdam y flipé al ver las medidas de su cama.
Nada que ver con la naturalista y seca visión de Maurice Pialat sobre ese hombre que utilizó los colores para hablar de la desesperación.
Nada que ver con el retrato que hizo Hollywood del suicida, pero me gustan ambas.
Haber sentido la descomposición moral, el abatimiento inconsolable para crear a los retorcidos y monstruosos seres humanos que retrata Francis Bacon.
La última vez que me he sentido fascinado por el retrato cinematográfico de un pintor ha sido con Pollock.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/02/17/babelia/1455727313_238407.html
