Muchos no vivirían ni locos en este lugar, pero hay que dejar fuera los prejuicios: la gente aquí dice que es feliz.
Era 2008, justo cuando estalló la burbuja inmobiliaria y Seseña se convirtió en el paradigma de la España surrealista del ladrillo.
Urdaci está convencido de que El Pocero quiere terminar de construir Seseña, la otra mitad que se quedó a medio hacer.
Es decir, el núcleo de toda la vida de Seseña, a cinco kilómetros, aceptó incorporarlos al municipio y prestarles servicios.
En Seseña hay una especie de punto ciego, una parte que la gente no ve.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/29/eps/1456761278_486731.html
