Por otra parte, el universo de la torrija es bastante más extraterrestre del que pensamos.
Si queréis comer una torrija de calidad no os la juguéis, como en casa en ningún sitio.
Los tradicionalistas más acérrimos son capaces de gastarse lo que puede llegar a costar un menú completo low cost en una hermosa torrija.
Caminas por la calle, huele a iglesia revenida y enmohecida, olor que desprende una pastelería de bastante renombre.
Y la razón es bien simple: la torrija comprada puede llevar en su composición unos cuantos ingredientes quizás no tan saludables como berrean ciertos reposteros.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/11/tentaciones/1457698490_216941.html
