Para eso hay que pasarse a la rata y demostrar que la manipulación del circuito elimina la decisión de riesgo.
Por lo que respecta al riesgo, y a la falta de él, no suele haber gran diferencia entre tener dos patas o cuatro.
Deisseroth no es solo bioingeniero y neurocientífico, sino también psiquiatra, y su poliédrica experiencia en el tema es bien interesante.
Tiene sentido que adoptar riesgos, o no hacerlo, se localice en esa trampa darwiniana que llevamos puesta de serie en el cerebro.
El circuito neuronal en cuestión se sitúa en el sistema de recompensa del cerebro, el mismo lugar en que se pueden cartografiar todas las adicciones.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/23/ciencia/1458757590_585437.html
