Muy especialmente al que preside Mariano Rajoy.
Una tarea casi imposible, pero que, en cualquier caso, necesitará, con absoluta seguridad, una nueva oleada de reformas y ajustes de calado.
Desde el punto de vista político este desvío agrava el déficit de credibilidad de España en el concierto europeo.
Eso, por supuesto, después de que la Comisión Europea lea la cartilla y saque los colores tanto al futuro Gobierno como al actual.
Y pone especialmente en entredicho a quienes voluntariosa y equivocadamente, como el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, defendieron las supuestas bondades de la pretendida disciplina fiscal española, siguiendo las promesas de Mariano Rajoy, Luis de Guindos o Cristóbal Montoro.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/31/opinion/1459452361_771740.html
