En el primer momento en que el Madrid perdió el respeto al Barça marcó un gol.
El Barcelona había echado la leña y jugaba con el mechero para poner a arder la pira blanca.
Y fue ahí, con el fatalismo rondando, cuando se produjo la última falta de respeto.
Sacar los demonios del Madrid a paseo, meterle tres o cuatro goles y empezar la semana como Dios manda y el Wolfsburgo acariciando un gato.
Lo necesitaba el Madrid y lo necesitaba, sobre todo, Zidane, que ha ganado el primer Clásico en el que se sentaba en el banquillo.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/04/02/actualidad/1459633479_413330.html
