También hubo espanto y tal vez hasta apología del delito: una dedicatoria fue para el torturador de Dilma Rousseff.
Si Brasil fuera Italia, la maratónica sesión del Congreso habría concluido con Temer como primer ministro y menos trauma.
La inestabilidad es resultado del comportamiento de los presidentes, más que de los defectos de la institución de la presidencia.
Hoy se critica este presidencialismo de coalición, tal vez prematuramente.
Tal vez no esté tan mal la democracia en América Latina, después de todo.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/24/actualidad/1461450143_383492.html
