El norcoreano Jung Gwang-il, en Oslo.
Los reproductores portátiles y los USB estuvieron prohibidos pero se popularizaron tanto que “el régimen se rindió”, dice Jung.
Poco a poco se van abriendo rendijas por las que colar información sensible que vuele el régimen por los aires.
OFFEl norcoreano Jung —que no tiene aspecto de revolucionario, ni siquiera de agitador social, sino que más bien parece un eficaz funcionario— lleva años haciendo una tarea de hormiguita con la ONG No Chains que espera que logre que sus 25 millones de compatriotas despierten.
Pagan a contrabandistas, a norcoreanos dedicados al estraperlo que entran y salen legal o ilegalmente o funcionarios que fueron compañeros de Jung.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/05/25/actualidad/1464173744_892919.html
