Para conseguir un escaño, dos más dos votos no siempre suman cuatro, sino a veces tres y otras ocho.
Es cierto que esta prima que obtienen del sistema no es tan opulenta como en otros países —en Grecia, el sistema electoral concede 50 diputados al que queda primero en las elecciones—.
La premisa teórica “una persona, un voto” en realidad se cumple, por lo que, a priori, un escaño debería costar lo mismo en cualquier parte de España.
Sin embargo, la singularidad del sistema electoral español, que es el que se encarga, entre otras cosas, de establecer los procedimientos y criterios que deben regir antes, durante y después de las elecciones, produce algunos desequilibrios.
Los “elementos esenciales” del sistema electoral en España nacen con el Decreto-Ley de 1977 —norma que cubrió la etapa electoral de la Transición política—, y se mantuvieron en la Ley Electoral (LOREG) de 1985, aún vigente.
Fuente: http://elpais.com/politica/2016/06/23/actualidad/1466690206_192704.html
