Desde luego, el pomposo estilo de la daga encaja con quien fue el autócrata más hortera del norte de África.
La compraventa de la daga debía realizarse en un hotel no muy lejos del principal aeropuerto de Estambul pero, cuando el empresario, identificado como A.
“Si la daga resulta no ser original, le devolveremos el dinero”, aseguró.
“Algunos coleccionistas tienen tanto dinero que al pagar por encima del valor real establecen un nuevo precio de mercado para estas piezas”, precisa Hardy.
El Estado Islámico, por ejemplo, ha convertido el contrabando de piezas arqueológicas en una de sus principales fuentes de recaudación.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/06/16/actualidad/1466061049_920121.html
