Por el futuro de Turquía, y en honor a la memoria de los que han perdido la vida oponiéndose al golpe, debe quedar claro que ninguna institución ni persona puede estar por encima de la democracia ni la Constitución.
El fallido golpe debería servir para profundizar la democracia, consolidar el Estado de derecho y unir al país ante los graves desafíos que enfrenta, no para polarizar aún más a la sociedad.
Son hechos que podrían minar aún más una separación de poderes que ya estaba en entredicho antes del golpe debido al continuo acoso de un Erdogan en clara deriva autoritaria.
Nos preocupa en este sentido la destitución, el día después del golpe, de miles de jueces y fiscales, y la detención de diez magistrados del Tribunal Supremo.
El trágico balance de muertos en la intentona del pasado viernes y sábado, 265 según las últimas cifras oficiales, ensombrece la alegría por el fracaso de un golpe de Estado tan insensato como inaceptable desde cualquier parámetro democrático.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/17/opinion/1468781843_502293.html
