Por tanto, Nadia Comaneci era una mujer encerrada en una pecera, debidamente vigilada las 24 horas.
Aquella noche de noviembre Nadia Comaneci salió a pie para llegar a Hungría.
Era el primer día de la competición y Nadia Comaneci echó a volar.
En La pequeña comunista que no sonreía nunca (Anagrama, 2015), Lola Lafon noveliza una de las vidas más extraordinarias del siglo XX: la de Nadia Comaneci, el primer 10 de los Juegos.
Uno de los jueces se dirigió a Nadie Comaneci desde la distancia abriendo las dos manos: diez.
Fuente: http://deportes.elpais.com/deportes/2016/07/17/actualidad/1468783887_063750.html
