Davis se negó a pedir una última cena alegando que «esa comida no será la última para mí».
Durante su último día en la tierra se le concedería el detalle de organizar un pícnic familiar en el edificio donde se hallaba encerrado y escoger la que sería su última cena.
Su otro gran logro era ser la persona que había solicitado como última cena la opción más cutre: una bolsa de ganchitos y una lata de Coca-Cola.
Y una segunda pizza con tres tipos de queso, aceitunas, pimiento morrón, tomate, ajo y salchichas italianas.
Antes de ser fusilado solicitó una hamburguesa, huevos cocidos, café y tres chupitazos de un Jack Daniel’s de contrabando.
Fuente: http://www.jotdown.es/2016/07/que-cenar-antes-de-morir/
