Tal vez estoy repitiendo una obviedad: que las personas públicas se guardan unos principios en la manga por si acaso.
Cuando no eran los políticos los que probaban su propia indignidad, su propio oportunismo.
Cuando las viejas declaraciones de los expresidentes no estaban en internet.
Extraña uno, sobre todo, la juventud en el buen sentido de la palabra que se convirtió en la marca de estilo de Pastrana cuando dejó de ser periodista para convertirse en candidato político.
Nada es como antes.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/07/colombia/1473257082_131712.html
