Y finalmente llegaron al aeropuerto de Morón, en Buenos Aires, donde los Botas pudieron ver a sus familiares.
Su hijo Yago lleva la empresa, con 280 trabajadores, y vive en Buenos Aires desde hace 12 años, pero no ha perdido el inconfundible acento coruñés.
Ahora el vuelo a la capital argentina se hace en 12 horas y sin escalas, pero en 1946 era muy diferente.
Meterse en un avión de cuatro hélices para llegar desde Madrid a Buenos Aires en 1946, atravesando a baja altura las tormentas del Atlántico, a 450 kilómetros por hora, con 36 horas de vuelo, 3 escalas y pocas certezas no parece una aventura muy agradable.
Pasó muchos años sin volver pero después compró una empresa petrolera en Argentina y durante 15 años ha viajado todos los meses.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/21/argentina/1474479664_032504.html
