Sentado en el banquillo, allí donde empezó el torneo lesionado, después de cinco goles y cuatro asistencias, Leo Messi buscaba razón a algo que no se puede explicar.
Y el sueño, que se hizo añicos, poco después, tan pronto Leo tiró fuera el primer penalti de la tanda.
Lo cierto es que cuando se llevaba una hora de partido, Leo Messi había marcado diferencias por descarte, aligerando el reto: en 30 minutos dejó a los chilenos con uno menos sobre el campo, tras haber forzado la expulsión de Marcelo Díaz.
Después de él, acudió el equipo, uno tras otro, conscientes de que esas lágrimas son una herida abierta a la eternidad.
De nuevo, ganó Chile, y tal vez, ya no habrá camino de vuelta.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/06/27/actualidad/1466978605_751969.html
