Al principio, los médicos respondieron dubitativos a mi deseo de ser madre y mi embarazo fue declarado de alto riesgo.
Cada vez que mi salud me provocaba alguna dificultad, mi primera pregunta, invariablemente, era: «Pero eso no me impedirá ser madre, ¿verdad?».
Mis padres, mi hermano y mi marido, han sido, son y serán los grandes pilares de mi vida, personas dignas de admirar.
Aunque mi discapacidad es orgánica, y no física, he tenido que soportar la presión a la que se ven sometidas muchas madres con discapacidad.
Y es que, en muchas ocasiones, las mujeres con discapacidad sufrimos una doble discriminación por ambas condiciones.
Fuente: http://verne.elpais.com/verne/2016/04/26/articulo/1461668883_029535.html
