Parece llegado ya el momento de sacar a pasear un poco de antropología política del “veneco uribista”.
La guerra que, tal como asevera Betancourt, solo “ha servido para instrumentalizar la pobreza de los más pobres y servir la codicia de los más vivos.
Cuando Íngrid Betancourt publicó, en 2010, su libro No hay silencio que no termine, escuché a más uno en Bogotá decir que había pagado a un négre para que lo escribiera.
Esa coriácea actitud que denuncia Betancourt se percibe aún hoy al hablar con muchísima gente, de todos los sectores sociales de Colombia.
Como es sabido, “venecos” nos llaman en Colombia, a veces con sorna, a veces con cariño.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/05/10/actualidad/1462915996_887845.html
