Solo que, de repente, parece que Dios ha perdido la paciencia y se está vengando de ellos, enloqueciéndolos.
Haría falta una ley que impida que el nombre de Dios sea “invocado en vano” en el Congreso brasileño.
Decenas de diputados semanas atrás gritaban en un micrófono que votaban a favor de la salida de Rousseff “en nombre de Dios”.
Los diputados de la Biblia deberían saber que es esa una de las ofensas a Dios que no tienen perdón.
Solo que Dios se lo dio y Dios se lo quitó.
Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/10/america/1462910189_226426.html
