Ocurre que, si se trata de golpe, el golpe lo hizo el mismo Lula, empujando a Dilma al precipicio al hacerse blindar con un cargo de ministro.
Resolver la crisis de Brasil es una prioridad para toda América Latina.
No en vano el más lucido estadista de toda América Latina, Fernando Henrique Cardoso, le reclamó a Dilma un gesto de grandeza—la renuncia—ante su evidente incapacidad de continuar gobernando.
El presidente Collor, de la derecha del Estado de Alagoas, alegó que el apremio de los medios y los partidos de oposición—el paulista PT, entre ellos—era un golpe de Estado.
Así es la crisis brasileña, a pesar de toda la cacofonía sobre un supuesto golpe institucional, constitucional y otros eufemismos oximorónicos.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/02/actualidad/1459632570_643408.html
