A la pregunta de por qué abandonó al bebé, Sandra, tapándose la cara, dijo: “Por desesperación”.
Ella, Sandra, solo puede ser transformada en una villana por ser víctima del mito de la maternidad.
Tratar como “incapaz” o como “loca” a aquella que elige no ser madre parece ser la única justificación aceptable para la sociedad.
Es feliz incluso cuando es triste, el clásico “ser madre es padecer en el paraíso”.
A final de cuentas, en la moralidad cristiana, el sexo solo puede justificarse por la reproducción.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2015/10/14/actualidad/1444782151_452444.html
