La intolerancia procede en parte de una legislatura en que se abusó de la mayoría absoluta, del decreto-ley y de la imposición.
Un viento de intolerancia aqueja a la vida pública española.
Pero hallan en ese ámbito —que debería distinguirse por su ejemplaridad— un caldo de cultivo de efectos contaminantes.
Pero esas inclinaciones tienen más padres y, en todo caso, han acabado afectando, en distinto grado, a todos los dirigentes.
Y se han agotado algunos de los pilares de la cultura política asentada desde la Transición, abriendo paso a nuevos vacíos, nuevas capas sociales y nuevas pugnas por la hegemonía política y cultural.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/13/opinion/1455388052_854186.html
