A una Portugal que se procuró una docena de ocasiones que eran gol, gol, o gol.
Ni en el día en que se convirtió en el portugués con más internacionalidades, pudo Cristiano alegrar a Portugal.
En Portugal hace años que el gol es una quimera, incluso en tiempos de Cristiano, un embrujo.
Y gordo, en un grupo con equipos del camión escoba como Islandia, Hungría y esta Austria tan borrosa.
Su marco es tan elemental, tan primario, tan chato, que hasta se único jugador distinguido, Alaba, del Bayern Múnich, parece un paria.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/06/18/actualidad/1466283238_706207.html
