Texto y fotos: Arturo Contreras Camero.
Este trabajo pertenece a Pie de Página, se reproduce por aquí por medio de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas a Pie. Encuentre el original en el siguiente enlace: De contenedor industrial a vivienda antisísmica tras el 19 S.
ZACATEPEC, MORELOS.- Con el sismo de hace dos años, en el 19S, casi todas las casas de esta calle se cayeron. Hoy muchas vuelven a estar de pie, algunas reforzadas, otras completamente nuevas. Sin embargo, si volviese a temblar, todas corren el riesgo de caer. Excepto una.
La casa de Miguel Popoca, a diferencia de las del resto de su cuadra, no es de ladrillos de concreto y lozas de cemento. Resalta en la calle por su peculiaridad: fue un contenedor industrial de carga. La enorme caja de metal, liviana y resistente, resulta el mejor material para un terreno relleno de escombros y desperdicios y que, además, es atravesado por una falla geológica.
A pesar de sus beneficios, ninguno de los vecinos quiso adoptar estas cajas para que fueran sus nuevos hogares. Incluso, en un inicio, el propio Miguel se mostraba reticente.
Hace dos años, al menos 15 casas de la calle Vía Central en Zacatepec, Morelos, quedaron afectadas. Todas, en la misma cuadra. En todo el municipio mil 300 casas sucumbieron ante el temblor. En esta cuadra, como en el resto del país, las tareas de reconstrucción tardaron casi un año en empezar, retrasadas por las elecciones y el cambio de gobierno.
“Estuvimos dos semanas afuera, sobreviviendo con cosas que nos empezaban a traer”, cuenta Vanessa Bustamante, cuya casa se desplomó en el sismo “Al principio estuvimos viviendo en carpas (donadas) de las de Cadena y de los chinos, todavía hay gente que sigue viviendo en ellas”, explica.
Los vecinos de esta calle primero recibieron el Fondo de Desastres Naturales, un fideicomiso del gobierno federal que entregó entre 15 y 120 mil pesos para que la gente comprara materiales para reconstruir sus viviendas, de acuerdo con el grado de daño. Con el cambio de gobierno, llegaron los apoyos de la Comisión Nacional de Vivienda, que bajo el mismo esquema repartía hasta 300 mil pesos.
Poco a poco, bloque a bloque, las casas de concreto con cimentaciones poco profundas, y pesados techos de loza volvieron a ocupar los vacíos que había en la calle con más afectaciones de todo Zacatepec.
Falla de origen
Vanessa está segura que ésa es la peor forma en que la gente pudo volver a construir. El problema, según cuenta, se remonta a la creación misma de la colonia. Hace unos 80 años, la Vía Central no era una calle, eran las vías del tren, y a sus costados no habían casas, había un terreno empinado que terminaba en una cañada por la que pasaba un recodo del río Apatlaco, que cruza el estado de sur a norte.
“Mucha gente de la colonia llegó invadiendo lo que eran antes plantíos de cañas”, relata Vanessa mientras camina por la calle haciendo un recuento de las casas caídas. La gente empezó a llegar en el sexenio de Lázaro Cárdenas, cuando el michoacano mandó a construir el ingenio azucarero que aún hoy es una de las principales fuentes de trabajo de la región.
Vanessa recuerda que en los días del desastre, un amigo arquitecto suyo, José Luis, la contactó para saber cómo estaban ella y su familia. “Cuando llegó José Luis se fue de espaldas. ‘Me sentí muy chiquito’, me acuerdo que me dijo, «porque no había ninguna casa por ningún lado”.
El colectivo multidisciplinario
En esos días, Vanessa y José Luis se juntaron con otros voluntarios y formaron el colectivo de ayuda Tecalzintli, nutrido por las diferentes disciplinas, carreras y estudios de sus integrantes. Entre los 11 miembros hay arquitectos, constructores, maestros, antropólogos, geólogos y geógrafos.
El grupo decidió enfrentar el reto la reconstrucción pero con un acercamiento especial. En primer lugar, buscaban reconstruir a partir de las necesidades de la gente, según cuenta Israel Lira, uno de los antropólogos del colectivo.
En segundo lugar, el grupo buscaba que los materiales fueran los óptimos para el tipo de suelo y el clima de cada lugar. Con esta idea, el grupo recibió el apoyo del Fondo Levantemos México, organizado por el festival de documentales Ambulante.
Decidieron cambiar los materiales, cuenta Israel, porque las casas que han estado ofreciendo las empresas de reconstrucción para damnificados son pequeñas y frágiles.
“¡Son como de seis por ocho! (metros) Son cajitas de zapatos. Casas preconstruidas. No hacen losa de cimentación; meten armex (estructuras de varilla delgada apta para acabados, pero no para estructuras). Así bajan los costos.
“Este tipo de viviendas se construyeron cuando el huracán Wilma. No son habitables. La gente las acepta, y terminan siendo bodegas porque nadie quiere estar dentro de ellas, son muy calurosas para estos climas”.
En esta región las temperaturas rondan en primavera los 35 grados centígrados y en ocasiones han alcanzado los 40.
El tipo de material de estas casas, además, no es apto para el frágil suelo de relleno que hay en estas calles. “Aquí, por ejemplo, se les dijo que por la barranca no podían usar concreto”, dice Israel con cierta decepción.
Si un terremoto como el de hace dos años volviera a mover la tierra debajo de estas casas, es muy probable que el suelo debajo se deslave hacia la barranca. Provocaría la misma devastación. Ese es el beneficio de la casa hecha con contenedores: es una estructura sólida, si tiembla se hunde completa y no se desarma.
CONTINÚA.
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