Hay un síntoma muy claro: a menudo es mejor tener un chascarrillo que una noticia.
La información exige tiempo y dinero y la gente se ha acostumbrado a la inmediatez y a lo gratuito.
La prensa de proximidad siempre funcionó mejor cuando se ha tenido la tarjeta de un medio de Barcelona.
Las nuevas tecnologías han cambiado la demanda y obligan a variar la oferta, circunstancia que condiciona un proceso de producción muy complejo.
Así que a los viejos redactores no nos queda más remedio que pasarnos al mundo digital, pedir ayuda a los jóvenes o rendirnos.
Fuente: http://elpais.com/ccaa/2016/03/11/catalunya/1457711282_206996.html
