La infeliz declaración del jugador nacido en Juazeiro de Bahia, que previamente había sido rechazado por Dunga, solo causó risas en el país.
El fútbol y la política no siempre caminan juntos, pero el martes el seleccionador Dunga y la presidenta Dilma Rousseff tuvieron un día bastante similar.
Vale, el adversario estaba tan débil como lo está la economía venezolana, pero, ¡uf!, Dunga, así como Dilma, pudo dormir esta noche sin la ayuda de somníferos.
Dunga no salió de la crisis de credibilidad que hostiga al equipo de la Confederación Brasileña de Fútbol.
Dilma, tampoco.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2015/10/14/actualidad/1444857933_277438.html
