Noel Gallagher se nos ha vuelto un icono modosito, recatado, tan maduro como para dylanizar su Wonderwall retorciendo y acelerando las frases.
Se traba con la mortecina The Dying of the Light, que hasta incluye punteos como de un Mike Oldfield viejuno, pero atina con esa delicia, The Death of You and Me, de la que Lennon se sentiría orgulloso.
Pero, con semejante catálogo a las espaldas, una pizca más de pasión tampoco vendría mal.
Solo en Lock All The Doors aflora aquel macarra imberbe de antaño, mientras que el trío de metales para In The Heat of the Moment, con cuatro notas mal contadas, es un desperdicio en toda regla.
Noel no es el más guapo ni el Premio Naranja a la cordialidad, pero por primera vez en un porrón de años parece mayormente centrado en escribir canciones.
Fuente: http://elpais.com/ccaa/2016/04/09/madrid/1460200943_830500.html
