Pero el problema del cibersexo infantil no ha hecho más que empezar y quedan muchas lagunas virtuales en las que los cibercriminales operan.
Ante la permisividad de la comunidad, el dinero sigue fluyendo a las cuentas de los bugaws (proxenetas, en la lengua tagalo), que organizan el metamórfico negocio del cibersexo infantil.
ampliar foto Organizaciones como FORGE ofrecen refugio y recursos para educación a víctimas de abuso sexual infantil, entre los que también hay varones.
Protegidos por el anonimato de la red, los pederastas utilizan tarjetas de crédito pre-pago difíciles de rastrear para recompensar a familias o vecinos de las víctimas, quienes lideran el negocio del cibersexo infantil.
Es un entramado que ha permitido el cultivo de pequeños negocios alrededor de la explotación sexual infantil online con la connivencia de la comunidad local y el consentimiento de las familias, atraídas por el dinero fácil.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/02/planeta_futuro/1443780472_354261.html
