Ante el Madrid fue rival de plastilina, el Eibar minúsculo que casi nunca ha sido en la categoría.
Del Eibar, tantas veces competitivo, se esperaba un equipo de boinas verdes, recio, con espinas, capaz de meter al Madrid en una ratonera.
Al Madrid del petardazo de Alemania, con ocho cambios en la alineación, le bastó con silbar un ratillo.
Despejados los fantasmas, el Madrid solo quería que pasara el tiempo a toda mecha, que llegara el martes europeo.
Los cronistas clásicos de otra época subrayarían que en Chamartín solo hubo baño y masaje.
Fuente: http://deportes.elpais.com/deportes/2016/04/09/actualidad/1460218519_867689.html
