Un segundo después, Bioy bajó la vista y vio que todas las portadas de los diarios, al tiempo que externaban variada información sobre Maradona y el Mundial de México ’86, apartaban en recuadros –de mayor o menor espacio—el informe de Borges: Jorge Luis Borges había muerto en Ginebra y Adolfo Bioy Casares escribe en sus memorias que regresó a casa consciente de que caminaba por primera vez en un mundo sin Borges.
Por ello –por lo menos—sería recomendable leerlo hoy mismo.
Borges se fue para quedarse a un mundo habitado por todos los paisajes posibles donde confluyen todos los pretéritos y la imaginación ilimitada desde que empezó a leer de niño y cada vez que ponderó el peso de un verso.
Era un mundo donde deambulaban aún miles de supervivientes de un tiempo en blanco y negro o a mitades entre quienes habían nacido mucho antes de pisar la Luna.
No sin nostalgia, se filtraba en la saliva del duelo una rara neblina que confirmaba los pasos que ya había dado Bioy Casares: nos tocaba seguir vivos en un mundo donde un escritor ciego ya nos había advertido que la eternidad tiene forma de biblioteca.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/06/14/actualidad/1465931946_130839.html
