Bien lo dicen quienes saben: “por eso hay más faraones con apellidos criollos forrados en oro que medallistas en Colombia”.
Las imágenes han venido a mi recuerdo hasta en sueños en las últimas semanas a propósito de los juegos olímpicos en Río de Janeiro donde los medallistas colombianos han logrado, por fin, recordarnos de qué color es la piel de los colombianos: negra, negra, negra.
Otros alzaban bultos de plátano en el mercado para sacar lo que llamaban nuestras abuelas “el ponche”, los músculos.
Y han sido ante todo testigos de masacres paramilitares y despojos guerrilleros en sus lugares de origen.
Su madre se llama Herlinda y buscó para él ayuda en el ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar).
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/08/19/colombia/1471642115_106921.html
