Si la política quiere volver a ser digna de este nombre, y dar poder a los que no tienen poder (que es su sentido en democracia) hay que romper las líneas rojas.
Se decía que si un partido apostaba por el referéndum en Cataluña se hundiría en España.
El referéndum como línea roja de la que ni siquiera se puede hablar es en el fondo una exhibición de impotencias.
De modo que los reunidos han tenido que hacer una filtración exculpadora: cuando Junqueras puso el referéndum sobre la mesa, Sánchez cambió de tema.
El referéndum es una apuesta política de riesgo para todas las partes, para quien defiende la unidad de España y para quien defiende la secesión.
Fuente: http://elpais.com/ccaa/2016/04/08/catalunya/1460138103_353159.html
