En política no es así, al menos no en la mexicana: el verdadero pecado, el único, es perder el poder.
Así que a los argumentos jurídicos y a la enemistad política, los próximos gobernadores añaden las ofensas personales recibidas de parte de su antecesor.
Enrique Peña Nieto entenderá que la posibilidad de perder el poder a manos de un rival como Andrés Manuel López Obrador no sólo entraña consecuencias políticas sino probablemente penales.
Gobernadores que operaron, justamente, como si nunca fueran a perder el poder.
Suele decirse que el pecado no reside en robar sino en el hecho de que te sorprendan haciéndolo.
Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/06/08/mexico/1465415583_142858.html
