Examinar ese suceso histórico y ponernos en las botas de los conquistadores.
En Epitafio hay ingredientes de Fitzcarraldo y de Aguirre, la Colera de Dios, dos de las mayores obras de Herzog.
Los pueblos mesoamericanos pensaban que los conquistadores españoles, montados a caballo con sus cascos metálicos y sus barbas de chivo, eran poco menos que unos semidioses, una especie de centauros inmortales.
Intentar entender la codicia humana que te impulsa a enfrentarte a algo desconocido guiado por una fe ciega.
Separándose lo máximo posible de cualquier mirada mítica, los soldados que aparecen en la película Epitafio son tan humanos que la cámara no se separa de ellos ni siquiera cuando se bajan las mallas y los calzones para evacuar tranquilamente en las laderas del volcán Popocatépetl.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/03/04/actualidad/1457068680_133389.html
