Y es que no me cansaré de repetirlo: no habrá paz sin seguridad alimentaria y no habrá seguridad alimentaria sin paz.
Por primera vez, el compromiso pasa de reducir a erradicar definitivamente la pobreza, el hambre y la malnutrición, porque no podemos dejar que nadie se quede atrás.
Y es que hay un dato que, me temo, a veces pasa desapercibido: casi el 80% de las personas pobres del mundo vive en zonas rurales.
Nuestra generación debe ser la generación Hambre Cero, la que acabe con esta lacra inadmisible y que lastra el desarrollo de nuestro planeta.
Ampliar estos programas y vincularlos a las políticas de crecimiento agrícola podría reducir rápidamente la pobreza, que es la causa última del hambre.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/28/planeta_futuro/1467114930_200483.html
