Por lo tanto, el documental acaba transmitiendo una visión extremadamente sesgada y parcial de algo tan inabarcable como es la música en México.
Me acababa de mudar a México DF y pensé que quizá debería ponerme al día con la música que se estaba haciendo en el país.
En apenas siete minutos, el documental pretendía resumir la emergente escena musical mexicana, pero desafortunadamente solo cubriendo dos antros exclusivos de la Ciudad de México y Monterrey.
Flor de Lirio me enseñó nada más llegar la increíble complejidad y diversidad de México.
Pero también descubrí aliviado que no hacía falta: México se está explicando a sí mismo con sonido.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/10/06/actualidad/1475718839_063860.html
