Algunos de los llamados candidatos independientes o candidatos ciudadanos inspiran la misma confianza que un evangelizador con pulsera de diamantes.
Candidatos ciudadanos tan variados e indefinibles como un franciscano hipster de calcetines rojos, un general antimilitarista o un poeta metido a cadenero de bar.
Los primeros, los políticos, no son candidatos ciudadanos y desde luego los segundos, los Cuauhtémoc Blanco, no son candidatos independientes.
Ser un candidato independiente no significa necesariamente ser un candidato ciudadano.
Y existe el caso inverso: ciudadanos sin experiencia política que son lanzados por los partidos tradicionales.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/30/actualidad/1459373882_831383.html
