El anciano clérigo islámico Fetulá Gülen ya solo espera que le sobreviva el culto secreto de poder que ha sido la obra de su vida.
Incluso desde su autoimpuesto exilio en Pensilvania, el fundador del tarikat (cofradía) Hizmet acumuló tanto poder mediático y cultural en Turquía que sus rivales políticos hacían bien en temer sus maniobras.
El presidente Erdogan busca perpetuarse al frente de un Estado que ha modelado a su imagen y semejanza.
Desde entonces las dos corrientes del islamismo turco —la mayoritaria nacionalista del AKP y la elitista religiosa de Hizmet— libran una pugna fratricida.
Es más que evidente que entre los oficiales que dispararon contra la población en los puentes de Estambul y bombardearon el Parlamento el pasado julio había seguidores de Gülen.
Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/24/actualidad/1474745550_785926.html
