La educación sentimental en el presente, más libre y tolerante, poco tiene que ver con los prejuicios que la emponzoñaron en el pasado.
Sin embargo, los seres humanos hemos sido menos inermes a la pasión de lo que creemos, aun desdeñándola de nuestros esquemas formativos.
Pese a la magnitud de su importancia, seguimos cultivando su aura enigmática y cada generación queda al albur de sus propias experiencias como si se tratara de una vivencia impenetrable.
Y a ella hemos incorporado nuevos significados y nuevas formas de amar.
Por ANNA CABALLÉ
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/09/22/fotorrelato/1474554872_467219.html
