Los errores de traducción de las cartas generan momentos tragicómicos como el pulpo ‘to the party’ (a feira) o el pescado ‘in nautical fashion’ (a la marinera).
Lo primero que cabe preguntarse es quién c****** hace las traducciones de las cartas de los restaurantes.
Las lenguas cooficiales tampoco están a salvo del desastre, con pulpos a feira transformados en fiesteros octopusses to the party y algún que otro mató con miel reinterpretado en clave de homicidio como killed with honey.
Lo que ahuyenta a los pequeños restaurantes de las traducciones profesionales suele ser el coste, de entre 30 y 50 euros para una carta estándar.
Traduttore, criminale, diría yo tras leer algunas cartas de restaurantes, porque más que traicionar, sus traducciones asesinan lenguas y generan cadenas de palabras tan incomprensibles como absurdas.
Fuente: http://elpais.com/elcomidista/2016/07/07/articulo/1467908136_304175.html
