Con paciencia y oficio, la clase política acabó recuperando buena parte de ese control con el paso de los años.
La pregunta del millón: ¿aceptará la clase política mexicana un sistema real y efectivo contra sus propios actos de corrupción?
En los últimos meses el hartazgo de la opinión pública interna y externa ha castigado duramente a los políticos.
Con todo, las nuevas instituciones son herramientas poderosas a condición de que una opinión pública activa y participante las haga suyas de manera permanente.
La clase política ha resistido hasta el límite.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/06/15/mexico/1466025333_560366.html
